Voy a dedicar esta primera entrada a explicar cómo acabé en este extraño país que algunos suelen relacionar con Rusia (pero que no tiene nada que ver).
Todo empezó al enterarme del proyecto SVE (Servicio de Voluntariado Europeo) a través de una charla que dieron en mi instituto. Comencé a interesarme por el tema en mi último curso, ya que estaba segura de que no quería seguir estudiando. Al menos de momento.
Como primera opción me llamaron la atención los países del norte, esos a los que llamamos "el primer mundo", hasta que caí en la cuenta de que no me gustaba para nada el frío.
En cuanto acabaron las clases y aprobé (aún no sé cómo) Selectividad, fui a preguntar en una organización de mi ciudad qué debía hacer exactamente para poder acceder al SVE. Me atendió un hombre bastante antipático que dejó claro desde el primer momento que de todos los que habíamos acudido a la reunión (unas nueve o diez personas) solo el 10% lograría llevar a cabo el proyecto y que los demás se rajarían antes de empezar. Eso me molestó bastante porque desanimaba un poco, aunque por otra parte yo estaba segura de que iba a ser ese 10%.
Unos días después de la reunión ya había mandado cerca de 500 e-mails a distintos países y proyectos. Me interesé mucho por Malta, Italia, Grecia y los países de Europa central (dejando totalmente de lado el querido primer mundo).
No pasó mucho tiempo hasta que comenzaron a llegar las primeras respuestas: todas negativas. En ellas me agradecían el interés pero decían que ya contaban con voluntarios y que aplicara en la siguiente ronda. No me desanimé y seguí enviando e-mails a diestro y siniestro hasta que una asociación de Grecia me aceptó. Consistía en trabajar en una radio y, aunque no me interesara mucho el tema, estaba muy contenta por haber sido aceptada en alguna parte. Me puse en contacto con ellos en seguida, pero cuando me preguntaron por mi organización de envío y les dije la que era, me pidieron por favor que me buscara otra. Por lo visto ya habían tenido problemas con ellos en el pasado.
No me sorprendió en absoluto, así que mandé peticiones a las otras dos organizaciones que había en mi ciudad y a otra de una pedanía de Elche; la Hoya. Ésta última fue la que primero me respondió, así que me quedé con ella.
Resultó que el hombre era muchísimo más majo y educado que el anterior, y estaban dispuestos a hacerme todo el papeleo.
Cuando ya iba a empezar a ponerse en marcha la cosa, comenzaron a llegarme más e-mails de aprobación por parte de diferentes proyectos de Turquía, otros de Grecia y uno de Hungría. Me interesé un poco más en este último ya que consistía en dar clases de español en institutos bilingües. Este tema me parecía mucho mejor opción que el trabajar en una radio, así que rechacé el proyecto griego y me preparé para irme a Hungría.
Todo esto pasó entre finales de agosto y principios de septiembre, pero según la organización húngara no sabrían si se aprobaba el proyecto hasta diciembre. Por lo tanto, os podréis imaginar los meses de angustia que pasé pensando que si no se aprobaba el proyecto a saber qué haría entonces. No tenía ningún plan B.
Por suerte, todo eso acabó un 2 de diciembre cuando llegó un e-mail en el que me daban la buena noticia: ¡el proyecto se había aprobado! Aunque venía acompañada de otra noticia regular: hasta el mes siguiente no sabrían si les darían la subvención. Parecía que la angustia no iba a acabar, pero por suerte salió todo bien.
El 4 de febrero comencé mi viaje y llegué a Hungría la madrugada del día siguiente. A partir de aquí comenzaron mis aventuras.
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